Discutiendo en una refrescante noche de Agosto sobre las diferencias e igualdades de los sexos, rodeado de mujeres (benditas mujeres, divino regalo) que de manera airada trataban desesperadamente de convencer a una persona, que no solo ama a las mujeres, sino que además las admira; que la igualdad es la solución a los problemas de genero e intolerancia, que las mujeres son iguales que los hombres, que merecen las mismas oportunidades que los varones y que además deben de ser tratadas como par.
Hice uso de la palabra después de la lluvia de fundamentos revisteros que todas las mujeres presentes arrojaban, mi primera oración que logre hilvanar después de tanto grito y sombrerazo fue: "Las mujeres y los hombres no somos iguales..." después no logre distinguir mi propia voz dentro de todos los matices de las voces que se alzaron ante la indignación causada por hombre al osar contradecir esa igualdad que tanto se reclama. Alzè mi voz nuevamente, como tratando de encontrar a alguien en medio de un mitin político de Andrés Manuel, para robar un poco de atención y poder terminar mi ponencia y les dije:
"Los hombre y las mujeres no somos iguales, somo diferentes en todo, no existe un punto de comparación y solamente por especie estamos conectados. No podemos hablar de igualdad en un universo donde no existe. Las mujeres hermoso regalo, no se pueden creer iguales y mucho menos mejores que los hombres; y los hombres no se pueden sentir superiores, ni tampoco propietarios de las mujeres; la realidad es que nosotros, hombres y mujeres, somo complementos del otro y mientras no comprendamos que el ser humano es perfectamente imperfecto, no lograremos difuminar nuestras diferencias.
¿A que me refiero con perfectamente imperfecto? bueno, esto es que el ser humano logra encontrar su perfección discerniendo que esta (la perfecciòn), està supeditada a buscar un complemento, otro ser que permita encontrar tus fortalezas y disminuir tu debilidades, y de la misma manera tú ensalzar sus virtudes y combatiendo codo a codo los defectos, ya que la soledad y el egoismo no permiten el florecimiento de las bondandes del corazòn.
Tratemos de olvidar estándares, posiciones, desconfianzas o rencores, por que lo único que permite es que la lucha de egos, como toda guerra no permita el desarrollo mental, social y cultural.
Entendamos de una vez por todas, que no somo iguales, somos seres complementarios y solo unidos lograríamos encontrar la luz interior que todos mantenemos sometida a las frivolidades del contexto despavorido en el que vivimo y esto se logra uniendo los corazones y las almas."
Dos almas que se entrelazan buscando la felicidad, lograrán la trascendencia.
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